Por qué la forma en la que educas a tu perro marcaa la diferencia
Durante años, la educación canina se basó en el principio de que el perro debía obedecer porque temía las consecuencias de no hacerlo. Las órdenes eran firmes, los errores se corregían con castigo, y el vínculo se construía —o se deterioraba— en torno al control. Hoy, afortunadamente, la ciencia del comportamiento ha demostrado que hay formas mucho más efectivas y respetuosas de educar.
A pesar de que cada vez más cuidadores adoptan métodos positivos, todavía hay confusión sobre qué implica realmente el refuerzo positivo, qué tan efectivo es en comparación con el castigo, y qué dice la evidencia científica sobre sus efectos a largo plazo.
Este artículo busca aclarar esas dudas y ofrecer una visión clara, actual y basada en estudios sobre cómo educar a tu perro no solo para que “obedezca”, sino para que aprenda, confíe y crezca emocionalmente contigo.
¿Qué es el castigo en educación canina?
El castigo es una consecuencia negativa que se aplica para reducir una conducta no deseada. Puede ser activo gritar, dar un tirón de correa, usar collares de estrangulamiento o eléctricos o pasivo ignorar, aislar, privar de juego o afecto.
Aunque en algunos casos el castigo puede detener una conducta de forma inmediata, no enseña al perro qué debe hacer en su lugar. Solo inhibe. Y en muchos casos, genera miedo, inseguridad, bloqueo emocional o incluso agresividad como respuesta defensiva.
¿Qué es el refuerzo positivo?
El refuerzo positivo consiste en premiar las conductas que queremos que se repitan, ya sea con comida, juego, caricias o palabras amables. Es un sistema basado en el aprendizaje asociativo: si algo da un buen resultado, el perro tenderá a repetirlo.
Lejos de ser una forma “permisiva” de educar, el refuerzo positivo implica estructura, consistencia y observación. No se trata de premiar todo sin criterio, sino de crear contextos donde el perro entienda claramente lo que se espera de él y lo relacione con una consecuencia agradable.
¿Qué dice la ciencia?
Varios estudios realizados en la última década han confirmado que los métodos basados en el castigo aumentan los niveles de estrés y ansiedad en los perros. También se ha observado que los perros entrenados con refuerzo positivo:
Aprenden más rápido y con menos errores
Generalizan mejor los aprendizajes a diferentes contextos
Confían más en sus cuidadores y muestran menos conductas de evitación o miedo.
Presentan menos problemas de comportamiento a largo plazo.
Un estudio publicado por Ziv (2017), que revisó múltiples investigaciones sobre métodos de adiestramiento, concluye que el castigo tiene un efecto negativo en el bienestar del perro y no mejora significativamente el aprendizaje. En cambio, los métodos basados en refuerzo positivo producen resultados más estables y duraderos.
¿Por qué el castigo puede ser tan perjudicial?
Porque muchas veces no se aplica de forma correcta ni justa. El perro no entiende qué hizo mal, o no puede asociar el castigo con una acción concreta. Esto genera confusión, ansiedad y miedo. Además, si el castigo proviene de su figura de apego el cuidador, la relación se ve afectada.
También hay que considerar que algunos métodos “tradicionales” que todavía circulan (como el “alfa roll”, golpear el hocico, encerrar al perro como castigo) están basados en conceptos desactualizados o directamente erróneos sobre la dominancia, que han sido desmentidos por la etología moderna.
El mito del perro dominante
Uno de los argumentos más usados para justificar el castigo es la idea de que el perro “quiere dominar”, “ponerse por encima” o “controlar la casa”. Esta teoría, basada en estudios antiguos de lobos en cautiverio, ha sido refutada por investigaciones posteriores.
Hoy sabemos que los perros no buscan dominar al humano, sino adaptarse a su entorno de la mejor forma que pueden con las herramientas que tienen. Si un perro “desobedece” o tiene conductas no deseadas, suele deberse a falta de entendimiento, a una necesidad no cubierta, o a un aprendizaje que ha reforzado sin querer una conducta no deseada.
El refuerzo positivo no es ausencia de límites
A veces se confunde educar en positivo con dejar que el perro haga lo que quiera. Pero la educación respetuosa también implica poner límites, solo que desde la calma, la previsibilidad y el aprendizaje, no desde el miedo.
Por ejemplo, en lugar de gritar “¡NO!” cuando un perro salta a una persona, se puede:
Ignorar el salto (para no reforzarlo con atención).
Esperar a que el perro tenga las cuatro patas en el suelo.
Reforzar esa posición calmada con un premio o una caricia.
Así, el perro entiende qué conducta le trae consecuencias positivas y aprende a repetirla. Esto requiere más paciencia, pero genera resultados más sólidos y un vínculo emocional mucho más sano.
¿Qué pasa con los perros “difíciles”?
Hay casos complejos que requieren acompañamiento profesional, como perros con historial de trauma, agresividad o fobias intensas. Pero incluso en estos contextos, los especialistas coinciden en que el castigo solo empeora el problema.
Los educadores caninos certificados, los etólogos y los profesionales del comportamiento animal trabajan cada vez más con protocolos basados en refuerzo positivo, modificación de conducta y enriquecimiento ambiental. Porque el objetivo no es solo que el perro “deje de hacer algo”, sino ayudarlo a sentirse mejor, a entender su entorno y a encontrar conductas alternativas.
La educación también es emocional
Educar en positivo no solo entrena comportamientos. También fortalece la autoestima del perro, su capacidad de adaptación, su confianza y su vínculo contigo. Es una inversión emocional a largo plazo.
Los perros que aprenden en un entorno sin miedo, con estructura y refuerzos positivos, se sienten más seguros para explorar, probar y comunicarse. Son más estables, más tranquilos y más predecibles en su convivencia.
En resumen: la evidencia es clara
El castigo puede funcionar a corto plazo, pero tiene efectos colaterales graves y no enseña nuevas conductas.
El refuerzo positivo enseña con claridad, refuerza el vínculo y genera aprendizaje duradero.
Educar en positivo es más que premiar: es observar, guiar, marcar límites con respeto y construir confianza.
La ciencia respalda que los perros aprenden mejor en entornos libres de miedo y con cuidadores consistentes y atentos.
En Milo creemos que la educación es vínculo
Cada interacción con tu perro es una oportunidad para reforzar el vínculo, entenderse mejor y crecer juntos. Por eso, en Milo fomentamos una educación basada en el respeto, la observación y la ciencia. No hay recetas mágicas, pero sí hay principios que funcionan: claridad, empatía y paciencia.
Porque un perro educado con confianza no solo obedece. Confía, aprende y se convierte en tu compañero de vida con todas sus letras.
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